
Cuando las personas perciben que el tráfico de las calles es una amenaza, piensa y percibe a los demás conductores como seres peligrosos que están dispuestos a matarnos en la mejor oportunidad. Como sucede con otros trastornos, las fobias existen en respuesta a la huida o evitación de algo que molesta a la persona, la pone incómoda y la hace sentir mal. Cuando la persona que sufre este mal no está en el coche siente un alivio inconmensurable pero cuando apenas piensa en conducir le viene una ansiedad terrible.
Estudios científicos han demostrado que alrededor del 60% de mujeres y un 30% de hombres tienen fobia a la conducción. Esto se manifiesta en forma de ansiedad y estrés con una marcada señal de ahogo o desesperación. Las mujeres que tienen fobia tienen alrededor de 30 o 40 años y son conductoras habituales, usan su coche en vías urbanas y cuando entran en una autovía sienten pánico. Puede pasar mucho tiempo sin que se suban a un coche pero por necesidades laborales tienen que hacerlo aunque no les guste.
Es importante que no se confunda el respeto lógico a las carreteras y la fobia a conducir. Es muy marcada la diferencia ya que la fobia provoca que la persona directamente no toque el volante con solo pensar en lo que significa transitar a gran velocidad en una ruta rápida. Según dicen los expertos la agorafobia es parte de este mal y hay quienes piensan que los primeros síntomas de esta patología pueden comenzar de ésta forma.

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