
Recientemente se ha determinado que la exposición de escenas relajantes tales como pinturas o fotografías del mar u otros entornos naturales, acarreaban efectos beneficiosos para el cerebro. A esta conclusión se llegó gracias a una investigación desarrollada por la Unidad clínica de Psiquiatría, de Radiología y de otras facultades tales como la de Ingeniería, de Diseño y Tecnología y de Arquitectura.
En este estudio, se les presentaron a algunos individuos imágenes de olas que rompían en la orilla de una playa, y de una autopista llena de tráfico. De fondo, se ponía un sonido como de un rugido constante, tanto en la de la playa como en la de la autopista. Mediante el uso de resonancias magnéticas funcionales se pudo medir el impacto que esas imágenes ocasionaban en las distintas zonas del cerebro con neuroimágenes. De esta manera se pudo observar que las imágenes naturales y relajantes generaban que diversas zonas del cerebro trabajaran con conjunto y sincrónicamente. Por otra parte, las imágenes de tráfico generaban perturbaciones en las distintas áreas del cerebro.

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