
Hasta los hechos más pequeños, cuando son buenos y de corazón, pueden interferir benéficamente en la salud. Este es el ejemplo de uno de los gestos más pequeños que existen: el dar las gracias.
Investigadores han demostrado la conexión entre el agradecer y la salud. Según éstas, aquellos que agradecen las cosas habitualmente son más optimistas, tienen una mejor calidad de vida así como menores probabilidades de enfermarse. Para que esto sea así, para que los efectos saludables sean realmente perceptibles, el hecho de agradecer y sentirnos agradecidos debe ser habitual.
Sonja Lyubomirsky, profesora de psicología de la Universidad de Psicología, está plenamente convencida de que los efectos beneficiosos del agradecer son altos si esta acción y actitud se repite en el tiempo reiteradamente. A su vez, se ha determinado que en caso de ser ayudados cuando atravesamos un problema grave, los seres humanos tendemos a ayudar a otras personas, incluso que no conocemos, cuando atraviesan también por problemas de igual tipo.
Vemos así que las pequeñas acciones no está sólo bueno hacerlas porque son ética o moralmente correctas, sino que realmente traen beneficios a la mente y, por tanto, al cuerpo. Esta es una señal para ser más agradecidos por lo que tenemos y por las cosas que nos dan, en una era consumista en la que las cosas han perdido su verdadero valor.

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